EXTRACTO. DE SUSAGNA ALCÓN

Estalla una guerra tan cerca que no puedes obviarla. Intentas seguir con tu vida y pierdes horas en buscar qué regalar a tu hijo por su cuarto cumpleaños. Cuando te das cuenta te sientes absurda. Cuántos juguetes favoritos deben estar ahora en una estación de metro, en un sótano, en una mochila. Los ponen a salvo, agarrados por esas manitas tan mullidas que tienen hoyuelos. Miras a tus niños dormir y piensas en esa madre que estará meciendo a su hija, perdida, desarraigada, asustada. Tu hijo mayor pregunta ahora mil porqués. ¿Qué contestarán esas madres? ¿Tendrán fuerzas para suavizar un poco las respuestas? ¿Habrán esos niños dejado de preguntar?

Venga, al colegio. Ven, que te lavo los dientes. El pequeño tiene sueño, teta y se duerme. Se hace la una, pones agua a hervir. Llega tu marido, por fin te vas a la ducha. La tele encendida, vídeos hechos con el móvil. Se mueven tanto por las manos que los graban, que quieren estar firmes pero tiemblan, por dentro y por fuera. Ves misiles, resistencia civil, muerte. Te haces el café, qué ruidosa esta cafetera. Tu bebé ríe al verte, no entiendes cómo puede ser tan perfecto. Se ha arañado la mejilla y aún con esa herida, tiene la cara más bonita que has visto nunca.

Tu país anuncia que enviará armamento. Dejémonos de infantilismos, dice una contertúlia. Infantilismos, dice. Infantil, infancia, infantes. Cuerpos pequeños con emociones immensas. Las buenas y las malas. Cuerpos que probablemente ya sólo se sienten seguros arropados por su madre. Infantilismos, dice. Como si las criaturas no tocaran de pies en la tierra. La tocan y la sufren. Al vaivén de personas que ya no intentan agarrar el agua del grifo, que ya no hacen pelotas de barro con las manos. Quiénes toman decisiones geoestratégicas ya no hablan de dragones, ni de gigantes, ni de unicornios. Nadie les lee cuentos ni les canta canciones en la cama. Puede que ahí, en esa distancia, encuentren sus argumentos, los que alejan a tantas familias de lo más básico: colegio, dientes, dormir, agua a hervir, ducha, ruido, risas.

Debes entregar un texto y, aunque quieres hacerlo, no encuentras las fuerzas. Ni la conexión. Tienes que lograr el hábito de escribir, dice tu profe. Y en ello estás, te salen estas líneas que estás leyendo. En otro tiempo, en otro tono. Que no tienen que ver con la novela, o qué quizás sí. Con otra narradora, o con la misma.

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Susagna Alcón

Twitter: @_boirina

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