EXTRACTO. DE NATALIA GIRÓN

1.

Esta no es una historia de ciencia.  Si lo fuera, sería un compendio de teorías y de suposiciones rumbo al cementerio científico, donde yacen ideas hermosísimas que parecían ciertas.  Nunca ha dejado de suceder, no va a parar ahora. Mañana vendrá una nueva teoría que desplazará a una antigua y entonces la verdad será otra. Así las cosas, más vale deshacerse rápido de certezas y argumentaciones, aceptar que la perfección existe sólo por un instante.

No importa donde comience, todo inicio es un final y todo final es un inicio. No es esta la excepción.

Es una tarde de abril y estamos en una pequeña oficina de la Universidad. Arriba de la puerta un letrero descuidado dice: “Relaciones Internacionales”.

Son cuatro en total.

Las dos chicas son familiares. Los chicos apenas conocidos.  Un chico y una chica se conocen desde pequeños.  Un chico y una chica son novios hace algunos años. Los otros dos son pareja hace algunos meses.

Por la expresión de los cuatro, esperan una de esas noticias que les cambia la vida. Así pasa algunas veces.

Permanecen callados. Uno levanta y apoya la punta de su pie sin descanso mientras mira la mesa, el otro lee un libro delgado y flexible que toma con una sola mano. Ellas miran el suelo, miran alrededor, miran los carteles colgados en un corcho en la pared.

Entre los novios no se toman de la mano ni se miran.

Entra a la oficina un hombre con una tupida barba. De su pantalón cuelga una identificación: Jaime Rodríguez – Director de Prácticas en el Exterior.

Todos voltean a mirarlo con interés. El hombre lleva una carpeta en las manos, se acerca a la mesa y les dice:

– Chicos, han sido los protagonistas de este proceso y son los finalistas.  Excelentes de verdad. Pero sólo tenemos dos cupos para ingenieros.

No hay cambio en la expresión de ninguno.

– No fue fácil, pero ya definimos quienes de ustedes se van con estos cupos.

Sonrisas expectantes, excepto el chico que leía y que vuelve a concentrarse en el libro.

El director busca en la carpeta, revisando cada papel hasta que encuentra el que necesita.

El chico que leía levanta la vista y mira al director con desesperación, quizá piensa que es estúpido que tenga que buscar un papel que le diga dos nombres, sólo dos nombres que acaba de decidir.

– Pensaba llamarlos por separado, ya que están aquí les digo.

La hoja se mueve levemente en sus manos, el director la mira, vuelve a leerla, los mira.

– Quisiera que todos tuvieran la oportunidad, pero bueno, ya llegarán otras.

Silencio.

– Y bueno, han seleccionado a Carolina Franco y a Felipe Gomez.

Una chica se llama Carolina y un chico se llama Felipe. No son novios ni se conocen desde pequeños.  

Los descartados se quedan perplejos, ella baja la cabeza y evita mirar a los demás mientras busca su mochila y la toma para irse.

– Hasta pronto Margarita, espero volverte a ver.

Margarita, así se llama. Ella contesta algo, pero nadie la escucha.

El chico enrolla el libro en la palma de su mano y busca con insistencia la mirada del director, pero él rehúye la suya. Cuando Margarita se ha ido, desiste, se le acerca y le tiende la mano.

– Estaré atento a cualquier otra oportunidad para vos Carlos.

Carlos sale de la oficina y baja corriendo las escaleras que van a dar a la salida.  No voltea a ver a Margarita que está sentada en una silla afuera de la oficina esperando a su novio. Ellos dos van cuesta abajo en la curva sin advertencia alguna, sin tener idea cuándo o cómo llegarán al punto más bajo.

Cada final es un inicio y cada inicio un final, esta no es la excepción.

Natalia Girón

Alumna del Lab 2 de novela en castellano

2 comentarios sobre “EXTRACTO. DE NATALIA GIRÓN

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